“the boundary of this underground world was that of the universe, and it was impossible to glimpse its limits” and “reality will always be inferior to [imitation]” (Umberto Eco, City of Robots, Travels in Hyper Reality 45-46).
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| Mi libro favorito de la niñez. |
Cuando era
niño yo esperaba que hubiera rescatado por mi familia actual y los falsos no me
hieran. Entiendo la atracción del sonar, que no estaríamos limitados a las
leyes de realidad. También sé la incapacidad para distinguir entre el sueño y la
realidad debido a mi dolencia.
Admito
que a veces quería pasar el día en una realidad más fácil donde yo tengo una
historia y familia diferente. Porque veía que mi tío fue consumido por la misma
enfermedad y murió prematuramente, yo lucho para vivir con lucidez y no
permitir esta dolencia mortal corroer mi alma. Me preocupan las personas que dan
la sobriedad emocional por descontado sin darse cuenta el riesgo de ser
arrastrado en el vientre de la bestia. Umberto Eco reconozca las amenazas en
forma de "pueblos fantasmas" sintéticos como Disneyland.
Él hace
"el bajo tierra" parecer romántico pero es una eternidad de no vivir.
Los
medios de entretenimiento nos inducen con la teatralidad de ensueño y “faked
nature [that] corresponds much more to our daydream demands" (44). Anhelamos estas drogas de la respuestas emocionales como
los adictos hasta nuestro límite química excede nuestra billetera. Entregamos
nuestra libertad a cambio de la esclavitud pasiva con los estímulos deliciosos.
Los sobrevivientes de abuso y trata saben mejor que "volar alto en tarta
de manzana" le ayudan a durar la horas sombrías. Muchas personas tarden en
defenderse si estarían desequilibradas suficientes a favor de sus deseos.
Todos
tenemos una droga preferida o “danza mágica”.
El
peligro de vivir en la ciudad de robots o sueños es que cuando escoge el mundo
de ensueño sobre la realidad además deje de vivir en cambio a la existencia
estancada. Estos purgatorios no nos ofrecen el dolor y la alegría auténtica
pero la satisfacción sintética y temporal. Sacrificamos nuestras vidas a ser
como el fugitivo que “no [está] muerto: [está] enamorado” con una fantasma de
imposibilidad que no nos ama (Casares, La invención de Morel, 144). Nos
convertimos en irreconocibles como la Señora de basura en el Laberinto
cuyo amor
no correspondido le impide vivir.
Una vida
tragada por el sueño “mientras el mundo se cae.”

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